AGENDA | ÁLBUM | ALUMNOS | CURSO | DERECHOS | ENLACES | ENTRADAS | ENTREVISTAS | FIRMAS | LECTURAS | PREMIO EXULANS | PRESENTACIÓN | RECURSOS | RESPONSABLE

21 de abril de 2009

Traslado.

Desde el día 21 de abril de 2009, todos los contenidos de esta página se trasladan a:

Bitácora de Sergi Bellver

donde quedará perfectamente integrado el espíritu de esta iniciativa, y en la que, al gestionar una única página, a su vez se podrá actualizar y alimentar el proyecto de una manera constante: reseñas de libros de viajes, informaciones de actividades relacionadas con la literatura de viajes, nuevos talleres sobre el género tanto en la Escuela de Escritores como en eventos específicos, nuevos textos de alumnos, etcétera.

Gracias a todos, nómadas y lectores. Nos vemos en otro vehículo, pero seguimos en el mismo viaje.

11 de diciembre de 2008

Textos de los alumnos (II): Eva González.

QUEREMOS PAZ CON DERECHO A COCINA


Seguro que ya se habrá generalizado su uso electrónico en los transportes públicos, pero hace unos doce años, en la ciudad polaca de Wroclaw, los billetes de tranvía los picaba manualmente el pasajero, en una maquinita que estaba ubicada a tal efecto junto a las entradas del vagón. Yo misma conservé de mis primeros trayectos algunos billetes usados, porque me gustaban los monumentos que aparecían en los dibujos: el ayuntamiento, la Universidad o alguna de las catedrales de la ciudad.
Enseguida aprendí a comprar el billete mensual, menos vistoso ―la fotografía insulsa de un tranvía―, pero que autorizaba los viajes nocturnos y también en autobús. Para conseguirlo, me explicaron al poco de instalarme, había que ir a la garita el último día del mes, y decirle al encargado de expenderlo algo así como prosze, bilet tramvayove e autobusove miesenchne e nochenne. Eso bastaba para que el trabajador o trabajadora estatal, normalmente añoso y regordete, alzara su mirada enrojecida y entregara el cartoncito. Y más le valía a uno llevarlo consigo, porque los comités de inspección destinados a multar al polizón se presentaban a menudo. Estos solían formarlos parejas mixtas de ex-presidiarios, integrantes de los programas de reinserción social postcomunista, con los que no convenía discutir. Los pasajeros polacos del tranvía eran por lo general silenciosos, y por aquél entonces el silencio era mi mejor aliado: vienes por el billete, te enseño mi billete, te vas decepcionado sin tu multa y te olvidas de mi cara. Atreverse a hablar significaría ver cómo se volteaban varias cabezas, varios interrogantes en las miradas, ¿de dónde eres? ¿Ucraniana? ¿Bielorrusa? ¿De qué otro sitio se puede ser si no?

Ir en tranvía implicaba pisar terreno habitual, viajar únicamente hasta donde se extendieran sus raíles. Los barrios del centro, sucios y desolados por la nieve y el fango del prolongado invierno, al menos presentaban rasgos reconocibles a través de la ventanilla, entre el vaivén y la aglomeración de las horas punta: el monumento medieval de la picota en cuyo pedestal se daban cita las parejas, la iglesia de Santo Domingo, y el nuevo centro comercial de la calle Swidnicka, donde comprar perfumes de importación o el periódico español de la semana anterior, a cinco veces su precio original.
Incluso el hecho de alejarse, camino de la estación, no suponía más que atravesar la familiar calle Kollantaja, llena de tiendas, tráfico, bullicio y gitanillos rumanos pidiendo piednaze, pani, por el amor de Dios. Allí estaba el piso donde vivía mi amiga Agnieszka. Se trataba de una vivienda gubernamental, como tantas otras, situada en un hermoso edificio que habitaron ricos negociantes alemanes hasta que la guerra se los llevó a otra parte y los rusos nos empujaron a nosotros hacia acá, y con nosotros quiero decir a los polacos, para que repobláramos las dos Silesias que, al precio de tanta sangre, les habían arrebatado a los soldados de Hitler, me contaba.
Me gustaba el humor negro polaco, y aprendía de mi amiga Agnieszka y de su madre todo tipo de chascarrillos, que hicieron mi vida más llevadera, tanto en los transportes públicos como fuera de ellos.
En aquella etapa compartí con ellas una época de euforia, en la que, como en un sueño, se quebraron fronteras de un día para otro. De pronto se multiplicaron las opciones en los escaparates, y también la necesidad de poseerlo todo, y lo que los mayores veían con temor y reservas, la juventud lo sentía como un gran regalo, del que uno debía apresurarse a disponer. La casa era una vivienda de habitaciones espaciosas que permitió a la familia crecer y reproducirse con cierto desahogo: en el cuarto de la entrada, el hermano mayor, su mujer y sus dos hijos; en el del fondo, la madre, Agnieszka y su mellizo Jakub, un seminarista medio tonto; y durante casi un año, en la habitación central, habían convivido el padre y su nueva esposa, hasta que pudieron costearse una casa con jardín a las afueras, donde seguro que les acribillan los mosquitos, se consolaba la madre.

En polaco, la palabra paz y la palabra habitación tienen una misma raíz y una fonética muy parecida.
―Antes, queríamos paz; luego, nos conformábamos con una habitación con derecho a cocina ―se reían.
Nunca viajé sola en autobús, siguiendo las advertencias maternales de Agnieszka:
―Como acabes en Kridki o cualquier barrio colmena de esos, te aseguro que no te va a divertir que te tomen por bielorrusa o ucraniana.
―A lo mejor, si les digo que soy española, me dicen ¿Franciszek Franco? Arriba España, y me regalan una botella de vodka.
―Me temo que los cabezas rapadas no se caracterizan por sus conocimientos de Historia ―me replicaba Agnieszka.
―En cualquier caso, si te regalan la botella, acuérdate de las amigas ―añadía su madre.
Yo vivía en Plac Grundwalzki, todas las mañanas tomaba el tranvía 9 hasta Dominikanski y, justo detrás, quedaba la Universidad. Cuando me convertí en un rostro habitual, a veces se dirigían a mí y, de vez en cuando, surgían comentarios impertinentes:
―Tanto tiempo aquí y aún no sabes hablar buen polaco.
Pero Agnieszka me había enseñado cómo responder:
―Mira a Lech Walesa, tampoco sabe hablar, ¡y ha llegado a presidente!


© EVA GONZÁLEZ
Eva González
Reside en Valladolid. Realizó el curso virtual de Literatura de viajes de la Escuela de Escritores entre julio y agosto de 2008.

21 de noviembre de 2008

Segunda edición del concurso "1 año en 1 post".

Si lees esto, lo más seguro es que te gusten los viajes y la escritura, y es muy probable que hayas desembarcado aquí navegando desde tu propia bitácora. Y precisamente a viajeros que escriben, y a escritores que lo hacen además en una bitácora, la Escuela de Escritores y el portal de viajes Atrapalo.com les propone un reto: atrapar, nunca mejor dicho, la esencia de este año 2008 en trescientas sesenta y cinco palabras. Se busca la mejor entrada —o post— que, con cierta calidad literaria, ficcione o relate de manera personal los acontecimientos de este año convulso y a la vez ilusionante. El plazo para participar finaliza con el propio 2008, el próximo 31 de diciembre. Puedes conseguir un viaje a Nueva York para dos personas y, para que nos cuentes luego tu experiencia, también una beca para el taller de Literatura de viajes en la Escuela de Escritores.

La segunda edición del concurso "1 año en 1 post" llega con más novedades: este año habrá rankings dinámicos, se llevará a cabo la edición de un libro con los finalistas y contaremos con la intervención de conocidos colaboradores, que han aceptado el reto de contarnos su personal visión del año 2008 en 365 palabras.

Para participar, tan sólo es necesario que escribas una entrada o post en tu bitácora y que te registres como participante. Puedes hacerlo en el enlace de la imagen inferior, que te llevará a la página web de Atrápalo.com, o también puedes consultar las bases completas, haciendo clic aquí.

Todos los participantes podréis votar por vuestras entradas favoritas hasta el día 6 de enero de 2009, y de esa votación saldrán las veinte entradas semifinalistas, unos textos que se encargará de analizar y valorar como jurado el claustro de profesores de la Escuela de Escritores, dando a conocer el ganador del concurso el próximo 12 de enero de 2009.

17 de noviembre de 2008

Viajes con Charley.

Viajes con Charley, de John Steinbeck
Título: Viajes con Charley. En busca de América
Autor: John Steinbeck
Editorial: Península, 1998
Colección: Altaïr
ISBN: 978-84-830710-6-9
Obra original: Travels with Charley (1962).


En el complicado 1960, John Steinbeck realizó un viaje en caravana por gran parte del territorio de su país, Estados Unidos, delegando las licencias de la ficción en las «personales» y silenciosas apostillas de su perro, Charley, para mezclarse con las gentes del camino y reflexionar sobre su realidad y sus esperanzas: la búsqueda de ese lugar en el mundo que todos acarreamos. Dos años más tarde, en 1962, el año del Nobel, John Steinbeck publicaba ese ejercicio de inmersión en un diario de ruta: Viajes con Charley.

En el primer fragmento de esta obra, que es la de un gran escritor pero sobre todo es literatura de viajes en estado puro, Steinbeck deja claro que, a algunos, la fiebre de viajar les invade desde el comienzo y ya no remite:

Cuando yo era muy joven y tenía dentro esa ansia de estar en otro sitio, las personas mayores me aseguraban que al hacerme mayor se me curaría ese prurito. Cuando los años me calificaron de mayor, el remedio prescrito fue la edad madura. En la edad madura se me aseguró que con unos años más se aliviaría mi fiebre y ahora que tengo cincuenta y ocho tal vez la senilidad realice la tarea. No ha habido ningún remedio eficaz.

Steinbeck desmitifica la necesidad de exóticos viajes para lograr una buena experiencia ─también en lo literario─, por lo que recorre su país ─la edición en castellano de Península llevaría el subtítulo de En busca de América─ y se detiene a percibir el espíritu americano desprovisto de estereotipos. Precisamente por eso consigue aprehenderlo y profundizar en él como pocos, por mirarlo de un modo genuino, como viajero y como escritor. De nuevo, no siempre es el paisaje ni el itinerario lo que provoca una experiencia intensa, sino la mirada y la actitud del escritor y del viajero que se cuestiona la realidad, y a sí mismo, si es preciso:

Sería agradable poder decir de mis viajes con Charley: «Salí a buscar la verdad sobre mi país y la encontré». Y luego sería una tarea tan fácil escribir mis hallazgos y retreparme cómodamente con la magnífica sensación de haber descubierto verdades y habérselas transmitido a mis lectores. Ojalá fuese tan fácil. Pero lo que llevaba en mi cabeza y, más profundo aún, en mis percepciones era un barril de gusanos. Descubrí hace mucho recogiendo y clasificando animales marinos que lo que encontraba estaba estrechamente entremezclado con cómo me sentía en ese momento. La realidad externa sabe no ser tan externa después de todo.

Y para finalizar este breve acercamiento al libro, veamos cómo en este estupendo pasaje Steinbeck, tras haber atravesado el país entero desde su residencia en el viejo Este, regresa a su California natal y se reencuentra allí con los paisajes de su juventud. El autor no sólo habla de los bosques de secoyas, sino que va más allá de la estampa clásica del turista y sobre todo consigue mostrar esa magnificencia al lector. Logra transmitirle a ese lector la parte a priori intransferible de la experiencia, hasta hacerle sentir realmente su experiencia, con un lenguaje en absoluto engolado, de trazos líricos contenidos, y gracias a la genuina actitud del escritor y del viajero ante el camino.

Me quedé dos días cerca de los cuerpos de los gigantes, y no hubo viajeros, ni grupos cotorreando con cámaras. Hay un silencio de catedral aquí. Tal vez la gruesa y blanda corteza absorba el ruido y cree un silencio. Los árboles se elevan rectos hacia el cenit. No hay horizonte. Amanece temprano y sigue siendo amanecer hasta que el sol está ya alto. Luego el follaje, que tiene un verdor de helecho, filtra desde muy arriba la luz del sol dándole un tono de un dorado verdoso y la distribuye en rayos o más bien en fajas de luz y de sombra. Después de que el sol pasa el cenit es ya la tarde y enseguida el ocaso, con una penumbra susurrante, hasta que vuelve la mañana.
Así es como se modifican el tiempo y las divisiones ordinarias del día. Para mí el amanecer y el oscurecer son periodos silenciosos, y allí en medio de las secoyas casi todo el día es un periodo silencioso. Los pájaros se desplazan en la luz tenue o cruzan como centellas las fajas de sol, pero hacen poco ruido. Bajo los pies hay un colchón de agujas que ha ido depositándose a lo largo de dos mil años. No se puede oír ningún rumor de pisadas en esa gruesa manta. Yo experimento allí una sensación remota y enclaustrada. No se atreve uno a hablar por miedo a alterar algo… ¿qué? He tenido la sensación desde mi más tierna infancia de que en los bosques de secoyas estaba pasando algo, algo de lo que yo no formaba parte. Y por si había olvidado esa sensación, pronto volví a experimentarla.
De noche, la oscuridad es negra… sólo mirando recto hacia arriba se ve un trozo de gris y una estrella esporádica. Y hay un respirar en el negror, pues esas cosas inmensas que controlan el día y habitan la noche son cosas vivas y tienen presencia, y quizá sentimientos y, en algún punto de las profundidades de la percepción, puede que comunicación. He tenido toda la vida una asociación con estas cosas (es curioso que no sirva en este caso la palabra árboles). Puedo aceptarlas y aceptar su poder y su edad porque estuve expuesto a ellas desde la infancia. Por otra parte, la gente que carece de esa experiencia empieza a tener aquí una sensación de desasosiego, de peligro, de estar atrapado, encerrado y abrumado. No es sólo el tamaño que tienen estas secoyas lo que les asusta sino lo extrañas que son. ¿Y por qué no? Son los últimos miembros que quedan de una raza que floreció en cuatro continentes tan atrás en el tiempo geológico como el periodo jurásico. Se han encontrado fósiles de estos ancianos que databan de la era del cretáceo mientras que en el eoceno y el mioceno estaban esparcidos por Inglaterra y el continente europeo y América. Y luego los glaciares fueron bajando y barrieron a los titanes irremisiblemente. Y sólo quedan estos pocos: un recuerdo pasmoso de cómo era el mundo hace mucho. ¿Es posible que no nos guste que nos recuerden que somos muy jóvenes y bisoños en un mundo que era viejo cuando llegamos nosotros a él? ¿Y podría ser que hubiese una firme resistencia a la evidencia de que un mundo vivo seguirá su camino majestuosamente cuando nosotros ya no lo habitemos?

JOHN STEINBECK, Viajes con Charley


John SteinbeckJOHN STEINBECK nació en 1902 en Salinas, California. Tuvo varios reveses en los inicios de su carrera, justo cuando un escritor comienza a forjarse y revela su condición, la de quien no puede evitar seguir escribiendo porque es lo único que le mantiene cuerdo en su propia piel. Aquellos que todavía no hayan leído a este autor puede que tengan una idea de Norteamérica que, sin saberlo, le debe mucho al trabajo de Steinbeck, o tal vez conozcan un remedo de lo más significativo de su obra a través del cine, a veces gracias a excelentes versiones, como la de John Ford dirigiendo a Henry Fonda en Las uvas de la ira o la de Elia Kazan con James Dean en Al este del Edén, que adquirió más eco que el propio libro. Otras magníficas obras de Steinbeck que se llevaron con relativo acierto al cine fueron De ratones y hombres, con John Malkovich, o Camaradas errantes, con el gran Spencer Tracy.

Sin duda, Las uvas de la ira es la obra de mayor envergadura de Steinbeck. En ella, el autor logra que la vida transite por cada página, señalando la deriva de unos exiliados en su propia tierra y, a través de esa polvorienta odisea, la de toda una generación. La Madre del clan Joad simboliza el eterno pilar que sustenta todas aquellas patrias verdaderas del corazón humano, tan sólido como vulnerable y capaz de estremecerse ante la bondad del prójimo. El drama de aquellos granjeros desheredados puso en tela de juicio ante el público la bondad del espejismo americano, e incluso llevaría al gobierno a tomar medidas sociales.

¿Qué pensaría John Steinbeck al contemplar la América y el mundo de hoy? Aunque los últimos acontecimientos en la política de su país quizá le levantaran el ánimo, es probable que nos contara, apesadumbrado, que en realidad cambiaron pocas cosas, y aún así, apuesto a que seguiría manteniendo su inaudita fe en el ser humano. Esa es la grandeza de un escritor y de un viajero como Steinbeck ─no sería su único libro de viajes, vendrían otros, como el dedicado a Rusia─, pues a través de la sencillez se revela capaz de captar y mostrar la vida en palabras, sin maquillarla, pero al mismo tiempo sin derrotismo y sin renunciar a la posibilidad de un mundo más digno y respirable, libre del polvo de la injusticia.

16 de octubre de 2008

Textos de alumnos (I): Jordi Roldán.

Iniciamos con este texto la sección dedicada a las colaboraciones de los alumnos que han pasado por el curso virtual de Literatura de viajes de la Escuela de Escritores de Madrid. Una vez finalizado cada taller, les propongo revisar alguno de sus ejercicios semanales, corregirlo según lo aprendido durante el curso para, tras una edición básica por mi parte, publicarlo en esta bitácora colectiva.

YA NO QUIERES BAILAR CONMIGO



Dicen que su mujer, Matilde, en un día de tormenta se tiró a la riera desde el puente que lleva a Jaume III, un mirador con las tripas fuera al que le han segado el horizonte del mar. Antoine, sin embargo, nunca ha confirmado este hecho. Cada día desde hace dos años realiza el mismo tramo en la línea 5, varado en un horario y en un asiento. Matilde está en todos los puntos del trayecto, colándose entre las vallas publicitarias y los árboles de las aceras. Sus labios decoran las esquinas del retrovisor, sus ojos negros se abren y se cierran entre las letras de la ventanilla de emergencia, el aire acondicionado exhala el olor de su cuello, los bucles de sus rizos dibujan el volante del conductor y por la punta del bolígrafo resbala la textura de sus pecho, cuando Antoine hace garabatos en el periódico.
Ha pasado cientos de veces por Andrea Doria, casi tantas como las que ha leído el precio del diesel y los milibares necesarios para hinchar una rueda en la gasolinera del cruce, mientras esperaba a que ella saliera del trabajo. Aquel día de julio que llovía y que regresó solo a casa, en la tienda de lencería que queda enfrente del depósito de super, pensó en regalarle un conjunto de ropa interior. Seguía evocando recuerdos y por el hilo musical sonaba Misia: te extraño, en cada paso que siento solitario, y el autobús en la bajada, se transformó durante unos segundos en un tranvía lisboeta que va a encontrarse con el Tajo, aunque aquí el río es un mar y los edificios no tienen vida, son armazones inertes, construcciones postmodernas de ladrillo camuflado por pintura blanca o piedra forrada, con tímidos jardines en la parte delantera, un quirófano de vivencias.
Al girar a la derecha en Junípero Serra, un segmento de ciudad insustancial, sin otra misión que la de conducir al tráfico o al peatón de una calle principal a otra, hay una tienda de chinos que acaban de traspasar, donde Antoine le compró el perfume que imitaba a uno de Loewe y un vestido blanco de tirantes. Pero ahora esas no son más que pistas borradas.
Ya ha anochecido cuando el autobús pasa por Joan Miró. Múltiples establecimientos de comida rápida y tiendas de souvenirs le miran desde el suelo retando a que se pare y entre, pero no puede. Las calles están llenas de turistas anglosajones y germanos. Adolescentes y adultos jóvenes agrupados por género de camino a los garitos de Gomila o del Paseo Marítimo donde tendrá lugar la mezcla de cuerpos y labios extraños. Este rincón de Palma es una puerta de entrada a lo que anuncian las agencias de viaje en sus folletos: todo incluido, aunque el sexo corra de su cuenta.

—¡Amigo! Levántate para que oigas aullar al perro asirio.
Es su calle, Federico García Lorca, el final del trayecto de Antoine. Este fragmento de «Paisaje con dos tumbas y un perro asirio» de Poeta en Nueva York lo tiene grabado en la memoria, y a menudo, cuando ve el chasis azul de la parada, recita el verso en voz baja. Hoy, sin embargo, no puede moverse, sigue enganchado a la silla. El autobús pasa por delante de un bloque de pisos y sólo puede mirar de reojo la ventana de una habitación y a una mujer de vestido blanco en la entrada. Continúa la ruta, indefenso ante el ímpetu del motor.
Cruza Marqués de la Senia y mira al puerto deportivo cuando ya está subiendo el Born. Hacía tiempo que no venía. Antes paseaba mucho con ella por allí. En verano, con una botella de agua y cigarrillos, se sentaban en los bancos a la sombra de los Platanus hispanica, a sentir el inicio de la brisa marina que llega al puerto y a ver pasar la gente. Hablaban de pintores y de las piedras de marés, que según explicaba Matilde, si las metes en un cubo de agua no se disuelven, pero eso los alemanes no lo entendían.
El ritmo cardíaco se le acelera al recorrer Jaume III dirección al Paseo Mallorca. Llega a un puente que es un sepulcro, sin rocío, ni cruz, ni nada. Se agarra fuerte a la barra del techo y haciendo un esfuerzo por mover las piernas entumecidas, se levanta y aprieta el botón de parada. A través de las puertas automáticas, ve a una mujer con vestido ibicenco que busca el Mediterráneo a lo lejos. En la mano tiene el DVD de una película, El marido de la peluquera.
Antoine vuelve a sentarse.

© JORDI ROLDÁN
Jordi Roldán (Sabadell, 1975)
Radiólogo y escritor, reside en Palma de Mallorca, desde donde publica sus creaciones de narrativa y poesía, o explora el terreno del tunning literario a través de su estupenda bitácora.
Realizó el curso virtual de Literatura de viajes de la Escuela de Escritores entre julio y agosto de 2008.

Seminario «Fuera de sí». Ideas para pensar el viaje.

Durante los meses de noviembre y diciembre tendrán lugar en La Casa Encendida de Madrid unas conferencias que reflexionarán en torno al viaje, y que estarán enfocadas a estudiantes universitarios de últimos cursos, profesionales del mundo de la literatura e interesados en el viaje y lo literario en general. Como se indica en la presentación del programa, en el seminario «se tratará estrictamente la idea del viaje suscitada por la elección, especialmente la derivada por el placer, la curiosidad y el ocio, y no tanto la derivada de la obligación impuesta por situaciones de conflicto social, hambre o trabajo cuyas motivaciones pertenecen a un universo distinto».

El seminario, coordinado por el Forum Altaïr Madrid, constará de seis jornadas, que se desarrollarán de 20 a 22 horas, y con la siguiente programación de ponencias:

5 de noviembre: «Paseantes y flâneurs. Yo también soy turista», por Javier Reverte.
21 de noviembre: «Una idea de lo exótico», por Estrella de Diego.
18 de noviembre: «No hay héroe sin acción. El sentido de la aventura», por Fernando Savater.
28 de noviembre: «Cuando lo importante no es llegar. Filosofía del movimiento», por Marc Augé.
4 de diciembre: «El paisaje como marco incomparable», por Eduardo Martínez de Pisón.
11 de diciembre: «Ulises somos todos», por Carlos García Gual.

Información completa

25 de septiembre de 2008

Bienvenidos.

Esta bitácora colectiva, de inequívoco espíritu literario y nómada, nace de una iniciativa conjunta tanto de los alumnos como del profesor del curso intensivo virtual de Literatura de Viajes de la Escuela de Escritores de Madrid. Este espacio —promovido a título personal y con la colaboración desinteresada de los alumnos, por lo que tiene el matiz de "no oficial"— también beneficiará, si así lo desean, a los participantes de próximas ediciones que puedan convocarse y que estén a mi cargo como profesor. La idea es ir formando poco a poco una comunidad de viajeros y aficionados a la escritura y la lectura de literatura de viajes, por lo que en ningún caso esta página será un espacio cerrado a otros visitantes, lectores y posibles colaboradores. Como profesor del curso y creador y administrador de esta bitácora, coordinaré y supervisaré en todo momento la participación de los alumnos —publicando algunos de sus textos, por ejemplo—, así como cualquier otra actividad relacionada con la motivación de esta página y que pueda ampliar esta experiencia colectiva, como pueden ser en el futuro la intervención de autores del género como firmas invitadas, entrevistas a escritores y viajeros, reseñas de libros, recomendaciones, concursos, conferencias, posibles colaboraciones con librerías, bibliotecas, entidades culturales o agencias de viajes, etcétera.

El pasado 14 de julio de 2008 se inició, con un nuevo temario, el curso virtual intensivo de Literatura de Viajes en la Escuela de Escritores de Madrid. Participaron quince alumnos desde siete países: Colombia, Corea del Sur, España, EEUU, México, Mozambique y Suecia. La segunda edición del curso finalizará el día 9 de octubre, y en ella participan en este momento alumnos de otros países como Costa Rica, además de contar de nuevo con compañeros de Colombia, EEUU, España y México.

A título personal, quiero agradecer a Javier Sagarna y Mariana Torres que depositaran su confianza en mí cuando me propusieron formar parte del claustro de la Escuela de Escritores en abril del presente año, así como a Daniel Saavedra, que tiene bastante culpa de que me haya hecho cargo del curso virtual de Literatura de viajes. Y quiero mostrar mi más sincera gratitud también a los alumnos de los dos grupos que hasta ahora se han convocado, pues con su ilusión y su trabajo han ayudado a que su profesor sea el primero en aprender de ellos, día tras día.

Por fin hoy comenzamos la aventura de esta bitácora nómada colectiva.

Buen viaje a todos.

Fragmento del texto introductorio para la presentación de los cursos:


Bienvenidos a esta experiencia viajera y literaria. Espero de veras que disfrutéis de ella durante las próximas semanas y, sobre todo, que suponga también un camino de aprendizaje que podáis aplicar a vuestra escritura y a vuestros viajes. Como profesor, lo único que quisiera añadir al breve perfil que me presenta en la página de la Escuela de Escritores es algo que veréis por vosotros mismos, semana tras semana: si tengo dos pasiones en esta vida son, sobre todo, la escritura y el viaje. Por lo tanto, seré el primero en disfrutar al transmitiros esa doble vocación en este curso de Literatura de Viajes.
 

AGENDA | ÁLBUM | ALUMNOS | CURSO ENLACES | ENTRADAS | ENTREVISTAS | FIRMAS | LECTURAS | PREMIO EXULANS | PRESENTACIÓN | RECURSOS | RESPONSABLE | VOCES